El Desafío del Gobierno Corporativo en Salud

Con frecuencia se denuncian y reportan en Colombia episodios de fraude, desvío de recursos y corrupción en entidades del sector salud, que han dado lugar a investigaciones y sanciones por parte de los entes de control. Entre los muchos casos hay diferencias de contexto, pero también un denominador común: fallas de fondo en el gobierno corporativo de las entidades investigadas o intervenidas.

Las buenas prácticas de gobierno se reconocen como un asunto de crucial importancia no solo en organizaciones públicas sino también en el sector privado. A nivel internacional la O.C.D.E. ha promovido unos principios que deben observar las organizaciones a este respecto, las cuales son de aplicación general en todos los sectores. Dada la historia reciente podría decirse que en el sector salud colombiano el asunto no es sólo importante sino urgente.

Los principios y prácticas, sin embargo, deben adaptarse a las particularidades de la salud. En otros sectores el gobierno corporativo se reduce, esencialmente, a asegurar que las organizaciones se gestionen en el interés de sus propietarios (y no de sus administradores), y evitar que los socios mayoritarios abusen de los minoritarios. En el sector salud el asunto es más complejo, pues idealmente las organizaciones deben representar el interés del usuario, y regular muy bien las tensiones que puede haber entre éste, y el interés económico de los prestadores o aseguradores.

También hay que tener en cuenta que en el sector hay una alta prevalencia de entidades sin ánimo de lucro, para las cuales no son relevantes algunas de las prescripciones convencionales del gobierno corporativo. Resulta necesario, por lo tanto, hablar de gobierno organizacional, con un enfoque más general, que sea pertinente en todo tipo de entidades. Sólo así se podrán mejorar las prácticas de entidades tan diversas como las que cohabitan en el ecosistema del sector salud colombiano: sociedades comerciales, cooperativas, cajas de compensación, establecimientos públicos, ESE,  fundaciones y entidades canónicas, entre otras.

En todas las organizaciones hay una instancia que hace las veces de asamblea, otra que cumple la función de junta directiva. Así mismo hay una administración, y debe haber instancias de control interno. Todas estas deben articularse de manera coherente y coordinada, de manera que haya canales claros de rendición de cuentas hacia todas las partes interesadas en la marcha de la entidad, que incluyen a los usuarios, los trabajadores, los propietarios (cuando los hay), los proveedores, el gobierno (que financia muchos de los servicios), y la comunidad en general.

De la mano de la Superintendencia Nacional de Salud PROESA ha trabajado recientemente en desarrollar una serie de buenas prácticas de gobierno organizacional, adaptadas a las particularidades del sector salud, las cuales podrán servir de base para promover una nueva cultura y regulación sobre la materia. La experiencia de otros países y sectores muestra que, siendo muy importante la línea que pueden dar al respecto las autoridades, es también crucial que las organizaciones y sus directivos voluntariamente vayan más allá de los mínimos obligatorios. Al hacerlo crean un ambiente de confianza y legitimidad social que, al final, redunda también en su propio beneficio.

-Ramiro Guerrero

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